Y es que te paras a pensar y reflexionas... y dices "pero si hace 4 días era un niño que jugaba y se ilusionaba por todo...", pero es que la edad te hace madurar, y quizá ya no eres ese niño que corretea y hace las cosas gritando lo de "mamáááááá, mira qué hago", ni ese chiquillo que se ilusionaba por todo y siempre acababa llorando porque lo que había plane
ado no le había salido, ni ese chiquillo llorón y protestón que se quejaba por todo lo que se podía quejar... ahora eres ese adolescente a las puertas de la mayoría de edad, que ya no corretea enseñando a mamá lo que haces, sino que juega con sus hermanos, amigos, primos... ya no eres ese chaval que se ilusiona por todo, sino ese adolescente que reflexiona las cosas y si acaban en contra suya se las traga y se aguanta... ya no lloras por tonterías...
Todo lo que ha significado la infancia al menos para mí, levantarte por la mañana porque mamá te iba a llevar al cole, pero antes te había preparado el desayuno: un vaso de leche con galletas. Para almorzar en el cole, un bocadillo de jamón dulce. Después te acompañaba a la puerta del colegio y te despedía con un beso. A la hora de salir, te recogía ella, llegabas a casa y hacías los deberes que te tocaban hacer: sumas de dos cifras, la tabla del 3 o del 4, estudiar cuatro frases para decirlas al día siguiente a la profesora... Ahora las cosas son diferentes: los deberes significa pasarse la tarde metido en casa, resolviendo complicados problemas de matemáticas, estudiando temas enteros de una asignatura u otra...
ahora el desayuno te lo preparas tú mismo, y te levantas al toque del despertador. Ya no es mamá la que te acompaña al colegio, ahora eres tú quien, a pata, en autobús, metro o como sea, vas al colegio, y quien se vuelve a casa solo, donde seguramente tendrás que prepararte la comida, fregar los platos... Tampoco olvidar el hecho de tener a tu propio padre viviendo a más de 600 km de ti, de aquellos fines de semana de 1995 o 1996 cuando bajaba a Barcelona y venía a recogerme, y nos íbamos ramblas arriba ramblas abajo, cenábamos en cualquier restaurante, y dormíamos los dos en un hotel, esas tardes en el cine viendo pelis como El jorobado de Notre Dame. Y después lo dolorosa que era la despedida, porque no sabías cuándo lo volverías a ver. Pienso que, a pesar de todo ello, puedo estar orgulloso de haberme criado en el seno de la familia que me he criado.
Quizá en el fondo creces interiormente antes, y no cuando alcanzas y sobrepasas la barrera de los 18. Una barrera que lo único que limita es las posibilidades: el hecho de poder conducir, la entrada a ciertos locales o discotecas, y porque no mencionarlo, el derecho de voto (este año me toca votar por dos días xDD)
Y ahora sólo me queda decir que quizá es aquí donde empieza la verdadera vida. 18 años de aprendizaje, tras los cuales viene una vida entera en la cual has de aplicar esos conocimientos pero, sobre todo, seguir aprendiendo de ella.

Aquí lo voy dejando por hoy... próxima actualización, espero que pronto xDD
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